Hablemos de supervivencia. Por Jose Luis Reyes Díaz.

Nuestro trabajo como investigadores en zonas inhóspitas del Amazonas Venezolano nos ha expuesto en algunas oportunidades a situaciones complejas y de alto riesgo, debimos sortear con gran esfuerzo inundaciones repentinas en la selva lluviosa, averías de medios de transporte fluviales y terrestres, enfermedades, escases de alimentos y agua potable y además, como es común suponer algunos extravíos.

Si bien, pudimos solventar con éxito todas las pruebas que la naturaleza nos tenía preparadas, resultó difícil adaptarnos y reconocer nuestra pequeñez en medio de la Naturaleza. En convivencias prolongadas con los indígenas Yanomami pudimos conocer algunos de los secretos de la selva lluviosa amazonense. También conocimos junto a ellos que una parte de nuestro instinto animal aún sigue vivo, atento y dispuesto a despertar y acudir en nuestro auxilio de ser necesario.

En esta oportunidad quisiera compartir con ustedes la experiencia de uno de esos encuentros cercanos con mi “yo primitivo”. A continuación les relataré brevemente un episodio de mi vida donde podremos precisar los momentos psicológicos (sensaciones de miedo, incertidumbre y fortaleza) de una situación real de supervivencia.

Luego de tres meses de preparación pudimos salir al tan anhelado viaje al Estado Bolívar en la región Sur de Venezuela, contaba con 18 años de edad y reinaba en mí la sed de aventuras y las inmensas ganas de conocer el trabajo que se realiza en las minas de oro en esa región de mi país.

Al llegar a la Población del “Manteco” un pueblo rural donde se comercia el oro abordamos un viejo vehículo todo terreno y nos adentramos en la selva, el difícil acceso por las carreteras improvisadas que aquí en Venezuela llamamos “picas” se complicó aún más cuando comenzó a llover copiosamente.

Quedamos atrapados en medio del cauce del rio Supamo, así fue la bienvenida a la selva, esos días sirvieron de escenario a mi bautizo como sobreviviente. La primera sensación que pude tener fue la de incertidumbre, las cuatro personas que conformábamos el grupo tratábamos de construir mentalmente escenarios probables, suponíamos que el río debería retroceder en unas horas y descubrir el puente por donde deberíamos pasar, no podíamos retroceder ya que del otro lado la inundación era más prominente así que sólo tocaba esperar.

Pasaron las horas y para acabar con la esperanza de ver bajar el nivel del agua del río, comenzó a llover nuevamente durante dos días más. Ahora si estábamos en problemas y la espera a corto plazo ya no era una opción. Debíamos tomar una decisión y las consecuencias serían serias.

Esta era sin duda una situación de supervivencia real, estábamos aislados, sin alimento ni refugio y nuestras vidas corrían peligro inminente por la crecida progresiva del nivel del río. La segunda sensación que puedo recordar fue el miedo, pero esta vez un miedo extremo como nunca antes había sentido.

Mi primera reacción fue la de aislarme, clavé una rama a la orilla del río con la esperanza de ver como esta marcaría la retirada rápida del agua, pero por el contrario pronto la rama quedo cubierta, fue aquí donde emergió por primera vez mi “yo primitivo” me acerque nuevamente al resto del grupo y con voz temerosa pregunte ¿qué vamos a hacer? Mi tío, de mayor experiencia en la zona dijo con firmeza “pues nadar y caminar” y en un rotundo consenso escuche una frase local que jamás olvidaré “Pa´ lante es pa´lla”   lo que quiere decir “para adelante es para allá”.

La tercera sensación fue de fortaleza y seguridad después de todo estaba allí en búsqueda de la aventura y de seguro la encontré. Evidentemente logramos sobrevivir a aquella situación, duramos 20 días perdidos enfrentando momentos muy complejos. Pero sin duda, el mayor aprendizaje fue entender que la supervivencia no es una lucha a muerte contra la naturaleza, es sólo un ejercicio prolongado de atención y adaptación.

Muchos pueblos indígenas en todo el mundo, han desarrollado saberes durante miles de años para poder convivir con éxito con los elementos naturales. De ellos admiramos su capacidad para mantener el equilibrio bio-psico-social, su respeto por cada elemento de la naturaleza y la capacidad infinita de desplegar totalmente sus sentidos para interpretar hasta el más mínimo elemento de su entorno y utilizarlo a su favor.

De todas las experiencias vividas podemos compartir en este espacio algunas sugerencias prácticas que servirán de marco referencial a la hora de enfrentar eventualidades que por su grado de incertidumbre y nivel de riesgo pueden considerarse como experiencias de Supervivencia.

Esperamos sus comentarios a fin de animarnos a continuar escribiendo artículos como éste y por qué no relatar a detalle lo ocurrido en esta aventura los 20 días de movilización por la selva lluviosa de Venezuela.

Publicado por iasasurvival

Coordinador general y delegado de formacion de IASA SURVIVAL. Director escuela de supervivencia amazonas, Costa Rica.

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