“Milagro de los Andes” por Roberto Tejeira.

Accidente avión uruguayo en Cordillera de los Andes.

*Con permiso del autor para publicar en nuestra asociación. Texto perteneciente a uno de los trabajos del curso internacional de IASA SURVIVAL.

El 13 de octubre de 1972 despegó del Aeropuerto de Mendoza (Argentina), el avión Fairchild FH-227D matrícula FAU 571 perteneciente a la Fuerza Aérea Uruguaya, con destino a Santiago de Chile. Llevaba 5 tripulantes y 40 pasajeros (uruguayos) de los cuales 19 eran jugadores de rugby del Old Christians Club, más algunos familiares. El motivo del viaje era disputar un partido de rugby con un equipo chileno.

El plan de vuelo era volar con rumbo sur hasta Malargüe (Argentina), virar al oeste hacia Curicó (Chile) atravesando la cordillera de los Andes por el “Paso del Sur” o “El Planchon”, y en Curicó virar al norte con dirección a Santiago.

Debido a un error de cálculo y a la baja visibilidad, aunque eran las primeras horas de la tarde, viró al norte antes de llegar a Curicó, internándose en plena cordillera. Cuando el piloto se percató del error, ya era inevitable el accidente. Un ala del avión impactó contra un cerro, partiéndose en dos la aeronave, muriendo instantáneamente 8 pasajeros y 3 tripulantes. La parte delantera del aparato se deslizó por un valle deteniéndose a una altura de 3570 mts, en las coordenadas 34°45´54” S – 70°17´11” W, entre los cerros El Sosneado (5.169 mts.) y el Tinguinirica (4260 mts.), dentro de territorio argentino y a pocos kilómetros del límite con Chile. 

El Servicio Aéreo de Rescate (Chile) y aviones argentinos buscaron el avión durante 10 días, incluso en alguna oportunidad sobrevolaron el lugar del accidente, pero el fuselaje del avión se confundía con el blanco de la nieve, por lo cual no los vieron. Durante estos 10 días, fallecieron otras 13 personas más. Luego de este tiempo, se dio por finalizada la búsqueda. 

Quienes sobrevivieron al accidente, se mantuvieron durante 72 días en ese lugar, siendo rescatados en diciembre después que 2 integrantes del grupo recorrieran 38 kms. aprox, durante 10 días hacia el oeste a través de la cordillera y llegaron a la civilización. En este período, murieron algunos más, por lo que solamente 16 sobrevivieron.

¿Cómo sobrevivieron durante esos 72 días y cómo se salvaron?

La mayoría de ellos (excepto los familiares que los acompañaban) eran estudiantes de clase media-alta, y en general practicaban deportes, por lo que su condición física era buena.

Ninguno tenía conocimientos de supervivencia o algo similar, la mayoría no conocía la nieve, ni la geografía ni tampoco las bajas temperaturas de la cordillera (Uruguay es un país de “penillanuras”, su altura máxima es el cerro Catedral, de 514 mts. y su temperatura promedio es de 17,5°C.)

Tampoco llevaban ningún equipo o herramienta especial, ni vestimentas adecuadas, ya que nunca se imaginaron la situación que se encontraron.

Después de ocurrido el accidente, y tomar conciencia de la realidad, lo primero que hicieron fue buscar entre los equipajes que llevaban y habían quedado en el lugar, algo con que abrigarse. Dos de ellos, que eran estudiantes de 2° año de medicina, trataban de auxiliar a los heridos y curarlos con lo que tenían a mano. Quien era el capitán del equipo de rugby, y había sobrevivido al choque, asumió cierto rol de “liderazgo”, dirigiendo las acciones y preparándose para pasar la noche dentro del pedazo de fuselaje del avión que les sirvió de refugio durante todo el período que estuvieron allí. Posteriormente, y debido a una avalancha, el “líder” natural falleció, ocupando esta posición otros integrantes del grupo que demostraron ciertas cualidades para ello. 

Estos liderazgos no eran por votación ni nada por el estilo, ya que no estaban en condiciones de dedicarse a ello, sino que surgían “naturalmente”, en base a tomar decisiones acertadas o en el momento adecuado, mente fría a pesar de la situación, iniciativa, etc.

Si bien pensaron que al otro día llegaría el rescate, al ir pasando los días y esto no sucedía, tuvieron que empezar a organizarse para la espera, y cada uno tomó alguna tarea a su cargo: hacer que el refugio (fuselaje) fuese lo más abrigado y cómodo posible, recolectar de los equipajes y restos del avión todo lo que fuese útil (ropa, calzados, etc.), comida, lo cual fue muy poca, solo algunas empanadas, algunos maní con chocolate, y otros similares, ya que el viaje original no era muy largo.

Para tomar agua, se pusieron en la boca trozos de nieve, pero esta les quemaba por el frío. Esto lo solucionaron colocando pequeños trozos de nieve sobre una chapa de aluminio acanalada (resto del avión) al sol, y así se iba derritiendo la nieve y las gotas caían en una botella. Este fue el sistema de producir agua.

Con los parasoles de la cabina del avión, improvisaron lentes para protegerse del brillo de la nieve.

Lo poco de alimentos que encontraron, lo racionaron, pero a los pocos días se terminó, y el lugar no tenía ni vegetación, ni animales, ni ríos de donde sacar algún tipo de comida, por lo que no tenían posibilidades de alimentarse. Sabían que se estaban debilitando, y qué si no se alimentaban, iba a llegar un momento que no podrían recuperarse más.

Después de muchas deliberaciones, decidieron alimentarse de los cuerpos de los compañeros fallecidos, cuyos cuerpos se mantenían en condiciones debido al frío. Con pedazos de vidrio que usaban como cuchillo, cortaron tiras de carne y las pusieron al sol para secarlas, para luego comerlas. No todos se decidieron por esto, pero al pasar los días y no tener señales de una salida, también se alimentaron de esta forma.

Paralelamente, y hasta donde su debilidad les permitía, algunos habían empezado a explorar los alrededores, ya que asumieron qué si no salían de ese lugar por sus propios medios, morirían todos allí.  Ya habían decidido salir a buscar ayuda, por lo que empezaron a preparar la “expedición”: los tres que iban a salir, hacían caminatas por los alrededores, trataban de alimentarse lo mejor posible (dentro de su situación), al tiempo que acondicionaban un mínimo equipo. Lo más difícil a solucionar era como protegerse del frío durante la noche, por lo que confeccionaron un saco de dormir (para tres) con partes del aislante térmico del avión, pedazos de telas de los asientos, y lo cosieron con cables finos del aparato. Como vestimenta llevarían tres vaqueros (jean) encimados cada uno, buzos de lana, alguna campera que tenían, calzado de rugby, lentes de sol improvisados, gorras de lana, comida (carne humana), y algún otro artículo. El agua lo proveían derritiendo pequeños trozos de nieve.

En diciembre, cuando ya el verano templaba un poco más la temperatura, y la nieve estaba más blanda, iniciaron la marcha hacia el Oeste, pensando que después de pasar la enorme montaña que tenían enfrente, llegaron enseguida a algún lugar poblado. Al segundo día llegaron a la cima, pero vieron que todo alrededor eran más montañas. A efectos de racionar la comida, ya que el viaje sería más largo, decidieron seguir solo dos, por lo que uno volvió solo al campamento base.

Esta decisión de caminar hacia el Oeste fue errónea, ya que, hacia el Este, y a unos 20 km. aprox. Había un complejo termal abandonado, pero con gente. Esto fue así porque ellos creían que estaban mucho más hacia el Oeste.

Así siguieron caminando a través de los cerros y montañas, estaban decididos a morir caminando, hasta que al 8vo. día empezaron a ver terrenos sin nieve, algunas pasturas, y signos de presencia humana: alguna lata vacía, algún camino, después algunas vacas, hasta que al 10 o. día y al otro lado de un río, vieron a un “arriero” a caballo. Para comunicarse de un lado al otro del río, los dos expedicionarios le tiraron una piedra con un papel envuelto donde describían quienes era. El hombre fue hasta un puesto de las autoridades chilenas y al otro día vino un helicóptero a llevarlos. En los siguientes días, y guiados por los dos, fueron a evacuar al resto de los sobrevivientes.

Cooperaciones internacionales.

Después de finalizado el plazo establecido de 10 días para su búsqueda, en la cual participaron aeronaves de Chile y Argentina, un pequeño grupo de padres de los extraviados, organizaron su propia búsqueda, viajando a Chile, donde contaron con el apoyo de baqueanos de la zona, lugareños, como también del Ejército chileno y de la Fuerza Aérea Argentina. 

Las comunicaciones entre los países eran a través de radioaficionados, quienes también aportaron su apoyo no solo con comunicaciones, también lo hicieron con locomoción, etc.

La Fuerza Aérea Uruguaya envió un avión acondicionado para sobrevolar la cordillera seguir con la búsqueda, pero después de algunos días sin resultados positivos, volvieron a Uruguay.

Publicaciones, visión de la sociedad Uruguay.

Referente a este hecho, se publicaron muchos libros y un documental. En Montevideo hay un “Museo de los Andes”, donde se exhiben distintos objetos, restos del avión, maquetas del lugar, itinerario, etc.

También algunos de los 16 sobrevivientes brindan “conferencias motivacionales” en distintas Instituciones y países.

En mi caso personal, he leído solo dos libros: ENTRE MI HIJO Y YO, LA LUNA, escrito por Carlos Páez Vilaro, padre de uno de los sobrevivientes y quien organizó y encabezó la búsqueda posterior, y TENIA QUE SOBREVIVIR, escrito por Roberto Canessa y Pablo Vierci. Canessa fue uno de los dos caminantes que salieron de la cordillera.

La visión de la sociedad uruguaya, acorde a los diarios de la época, fue de conmoción por el accidente, pero después se fue perdiendo el interés en el resultado de la búsqueda, hasta que reaparecieron 72 días después. Pero la verdadera polémica se creó cuando la sociedad se enteró, por ellos mismos, que se habían alimentado de sus compañeros muertos, acorde a las creencias religiosas, etc. de cada uno. Con el tiempo todo se olvida.A mi criterio, es para destacar la voluntad de sobrevivir, la actitud mental positiva, a pesar de la penosa situación, actitud de liderazgo demostrada por algunos a efectos de organizarse y tomar decisiones, la condición física buena (por el hecho de ser deportistas), todo lo cual los llevó al extremo de comer carne humana con la finalidad de sobrevivir.

Publicado por

iasasurvival

Coordinador general y delegado de formacion de IASA SURVIVAL. Director escuela de supervivencia amazonas, Costa Rica.

2 comentarios en «“Milagro de los Andes” por Roberto Tejeira.»

  1. Muchas gracias por el artículo. hay tanta información disponible de supervivencia pero un reto importante para mi como padre es entregársela a mi hijo (personalmente es mi mayor debilidad en el tema). poseen guías que aborden ese tema puntual?, el “pedagógico”.
    saludos cordiales desde Chile.

    1. Estimado Michael, tenemos varios de nuestros profesionales asociados que abordan el tema de la esenanza a los niños y adolescentes. Es una de nuestras lineas de actuación a la que estamos dedicando mas esfuerzo.

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